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La fascinante historia del pueblo de pescadores que terminó convertido en la segunda ciudad del mundo con más rascacielos
Es hoy la segunda ciudad del mundo con más rascacielos por habitante, solo por detrás de Nueva York.
2 de enero de 2026
17:12
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Parte de la inspiración del diseño de Wonsan Kalma se basó en el puerto turístico de Benidorm, en España. La ciudad de Benidorm, en Alicante, tiene más de 80 edificios de más de 100 metros de altura.
¿Qué tienen en común el primer bikini en España, los rascacielos, la dictadura de Francisco Franco y el turismo de masas? La respuesta es Benidorm, un municipio español de poco más de 74.000 habitantes a orillas del Mediterráneo, en Alicante, parte de la Comunidad Valenciana.
Este enclave, que en los años 50 era un pequeño pueblo pesquero, es hoy la segunda ciudad del mundo con más rascacielos por habitante, solo por detrás de Nueva York. De ahí su apodo: Beniyork.
Más de 80 edificios de más de 100 metros impactan en sus costas que se llenan no solo cada verano, sino todo el año, de turistas llegados sobre todo de España y Reino Unido. Es uno de los principales destinos de sol y playa del país. Y se configuró así desde los años 60 cuando, en lo que entonces era un pueblo de apenas 3500 habitantes, vieron en el turismo la oportunidad para hacer crecer la economía local.
Benidorm es singular, es bastante único. Y no es fácilmente reproducible, cuenta a BBC Mundo Josep Ivars, catedrático de Análisis Geográfico Regional de la Universidad de Alicante y uno de los mayores expertos del “fenómeno Benidorm”.
La ciudad alicantina es un ejemplo paradigmático del modelo de turismo de sol y playa que nació en plena dictadura franquista y que hoy sigue siendo una parte importante de la economía española. No en vano, España es potencia mundial en este sector, reportándole un 12,9% de su PIB anual.
Pero es un modelo que no está exento de desafíos. Hoy en día, el turismo de masas ha agravado la crisis de vivienda en muchas ciudades españolas y ha generado movimientos de protesta en lugares como Barcelona, Málaga o las islas Baleares y Canarias.
El fuerte de esta ciudad es el turismo de sol y playa. En la España de los años 50 aún se sufrían los estragos de la guerra civil que terminó en 1939, a lo que había que sumar el aislamiento internacional de la dictadura de Francisco Franco y la autarquía, una política económica impuesta desde el Estado por la que el país intentaba abastecerse con sus propios recursos.
España estaba sumida en una depresión económica, desabastecimiento, redes de mercado negro y miseria. Y esto era mucho más evidente fuera de las grandes ciudades. Fue también en los años 50 cuando el régimen franquista buscó limpiar su imagen en el exterior, cambiar el modelo económico y atraer a las tan necesitadas divisas.
Parte de ese lavado de cara empezó con medidas para liberalizar la economía del país. En esa línea, la gran baza con la que contaba España era el turismo aunque, de puertas adentro, se mantenía la represión política y social. “El régimen franquista utilizó el turismo para dar una imagen exterior de apertura”, explica Ivars.
Y así, los turistas del norte de Europa empezaron a llegar a las costas españolas llamados por el sol, la playa y los bajos precios de un país en desarrollo.
TODO EMPEZÓ CON UN BIKINI
En esa época, Benidorm era un pequeño pueblo de costa que vivía de la pesca. Pero su alcalde, Pedro Zaragoza, empezó a ver las posibilidades del turismo de sol y playa.
Zaragoza vislumbró que el sector turístico tenía un enorme potencial y que la vocación del territorio de Benidorm era satisfacer esa demanda que existía en Europa, dice Ivars. En esa línea, tomó una medida radical para la época: permitir el uso del bikini en las playas.
Era algo muy escandaloso para aquellos años en España, pero las bañistas suecas eran muy aficionadas a su uso. “Si quieres que la gente venga a tu pueblo para pasar sus vacaciones, debes estar preparado para acomodarlos a ellos y a sus culturas”, decía Zaragoza.
Cuenta la leyenda que el alcalde fue en moto hasta Madrid para pedirle a Franco en persona que autorizara el uso del bikini. Así, Benidorm fue el primer lugar de España en el que se usó ese traje de baño de dos piezas, para disgusto de las autoridades eclesiásticas que, según la prensa de la época, pensaron en excomulgar al alcalde.
Y destaca que esto ocurrió también por la mentalidad de Benidorm. “No era la España franquista del pueblo de al lado. Esa España negra aquí tenía otro color”.
Además, era la manera de impulsar el crecimiento económico: “España lo estaba pasando mal y Franco buscaba dinero por todos lados. En ese momento, la manera de que el país se desarrollara era impulsando el turismo”.
UNA CIUDAD QUE SIEMPRE MIRÓ HACIA AFUERA
De la permisividad con el bikini, Zaragoza pasó a tomar otras medidas, ayudado por el contexto del momento.
Benidorm siempre miró hacia afuera. Había poca pesca local y agricultura, así que los hombres salían a trabajar en la marina mercante y habían visitado lugares como Nueva York, Buenos Aires o Manila. También estaban acostumbrados a recibir gente porque, para tener más ingresos, las mujeres empezaron a alquilar habitaciones en sus casas para el entonces naciente turismo estival.
“Cada vez llegaba más gente y entendieron que había que acomodar la ciudad. Por eso elaboraron un plan urbanístico”, apunta Bilbao.
Benidorm decidió diseñar su desarrollo urbano en los años 60, con un modelo que se mantiene a día de hoy y que le ha valido en años recientes reconocimiento internacional.
Con apenas 38 km² de superficie, se decidió proteger el 61% del suelo, una medida que, según Bilbao, se mantiene a día de hoy. El terreno protegido no se urbanizó y se dedicó a espacios verdes, agrícolas y forestales.
“Se dice que es el ejemplo de mala planificación del turismo en España y no es así. Es uno de los primeros planes generales de ordenación urbana”, explica Ivars.
Para Javier Ruiz Sánchez, arquitecto, planificador urbano y catedrático de Urbanismo en la Universidad Politécnica de Madrid, Benidorm es “un extraordinario laboratorio de urbanismo, tan excepcional como puede ser Las Vegas”.
LOS PRIMEROS RASCACIELOS
Al principio, señala el experto, esta planificación se enfocó más en un desarrollo diseminado y se fue focalizando en el modelo actual de concentración y edificios de altura.
Con apenas terreno y rodeado de montañas, tenía sentido que, si lo que se quería era acoger a cuanta más gente mejor, el municipio optara por edificios altos. Así llegó el primer rascacielos, la torre Coblanca 1, que se terminó en 1966. Con sus 30 plantas cambió para siempre la fisonomía de la ciudad alicantina.
Según cuenta Ruiz Sánchez, en esa época los rascacielos tuvieron buena prensa porque se veían como un ejemplo de modernidad arquitectónica y técnica.
El salto cualitativo de la ciudad llegó con otro hito: la inauguración del aeropuerto de Alicante en 1967. Y así Benidorm, dice Ruiz Sánchez, “se convirtió claramente en el ejemplo paradigmático del turismo de masas mediterráneo español”.
EL MOTOR DE LA INVERSIÓN TURÍSTICA
El aeropuerto multiplicó el número de turistas que llegaban a la zona, la mayoría transportados por las agencias de turismo, empresas que vendían paquetes turísticos y que en los años 60 vivieron un auge. Todo esto hizo que aumentara la necesidad de camas para albergar a los turistas.
En esa época aún no existían en España grandes cadenas hoteleras y la disponibilidad de capital para construir nuevos hoteles era limitada, ya que los bancos ofrecían financiación con intereses muy altos.
“En Benidorm fueron clave las agencias de turismo españolas y británicas, sobre todo estas últimas”, explica Leire Bilbao.
Todo esto hizo que aumentara la necesidad de camas para albergar a los turistas. A día de hoy, en Benidorm hay 142 hoteles y más de 90.000 camas disponibles, detalla Bilbao.
UNA CIUDAD SOSTENIBLE
A pesar de estar llena de rascacielos y hoteles, en la planificación de la ciudad se pensó en las vistas al mar, el sol y la movilidad.
“Los edificios no se tapan el sol los unos a los otros y en las zonas aledañas hay espacio para uso comercial y zonas verdes”, explica Ivars. Según el experto, se trata de una “ciudad densa y caminable” y su planificación, orientada al sur, hace que sea más eficiente energéticamente.
Todo ello le ha valido reconocimientos como el

