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La historia detrás del pasaje que no aparece en los mapas y atraviesa una manzana
El conjunto residencial de 1925 está, a metros de la Avenida Cabildo, y preserva el silencio, la vida comunitaria y un fuerte valor patrimonial.
6 de febrero de 2026
06:08
Tiempo de lectura: 7 minutos
El Pasaje General Paz atraviesa una manzana completa y se vive como un patio interior porteño. En una ciudad como Buenos Aires, que suele explicarse a partir de sus grandes avenidas, existen rincones que se revelan casi en secreto.
El Pasaje General Paz es uno de ellos. No figura en muchos mapas oficiales, pero atraviesa una manzana completa del barrio de Colegiales y se consolidó como una de las calles internas más elegantes y tranquilas de la zona. A apenas una cuadra de la Avenida Cabildo, dos accesos —por Ciudad de la Paz y por Zapata— marcan el ingreso a un espacio peatonal, silencioso y luminoso, donde el tiempo parece desacelerarse.
La historia del pasaje
La historia del pasaje está íntimamente ligada al crecimiento de Buenos Aires en las primeras décadas del siglo XX, cuando la llegada masiva de inmigrantes planteó un enorme desafío habitacional. Mientras la ciudad construía palacios de estilo francés para las élites y conventillos en las zonas cercanas al puerto para las familias recién llegadas, comenzaban a aparecer tipologías intermedias: edificios de renta y conjuntos residenciales que buscaban mejorar las condiciones de vida sin perder el sentido comunitario.
En ese contexto, en 1925, el ingeniero y arquitecto Pedro Vinent planteó la transformación de un terreno de su propiedad en un conjunto de ‘viviendas colectivas’ o un ‘pasaje residencial’, compuesto por solo 57 unidades, que ofrecían espacios más amplios y mayor privacidad. “Había una fuerte priorización de los espacios comunes para generar vínculos entre vecinos”, explica Martín Pinus, director de Martin Pinus Real Estate.
No figura en muchos mapas, pero guarda una de las atmósferas más tranquilas de Buenos Aires. El conjunto fue diseñado por el arquitecto e ingeniero Pedro A. Vinent —también conocido por su participación en el desarrollo del Barrio Inglés de Caballito— y se organiza en dos cuerpos conectados por puentes internos, una decisión proyectual que aún hoy define la identidad del lugar.
En sus orígenes, el pasaje funcionaba como una vía pública y figuraba en los planos municipales. Incluso, llevaba otro nombre: Isabel Sánchez Vinent, en homenaje a la esposa del propietario original. Con el paso del tiempo adoptó su denominación actual, vinculada a la entonces llamada calle General Paz —hoy Ciudad de la Paz—, nombre que quedó oficializado por ordenanza municipal en 1942.
Sin embargo, el punto de inflexión llegó en 1948, con la sanción de la Ley de Propiedad Horizontal, que permitió a los inquilinos adquirir sus viviendas. A partir de entonces, el conjunto se transformó en un espacio de propiedad privada. En la década de 1970, las rejas de acceso —en Ciudad de la Paz 561 y Zapata 552— comenzaron a cerrarse por las noches, y de manera gradual el pasaje dejó de funcionar como vía de paso para convertirse en un complejo residencial exclusivo para sus habitantes.
Cómo es el pasaje
El acceso más imponente es el de Ciudad de la Paz, donde un arco de medio punto y rejas de hierro anticipan el carácter del lugar. Una vez atravesado el pórtico, la percepción cambia por completo: el pasaje deja de sentirse como una calle y se transforma en una gran galería interior. El conjunto se organiza alrededor de un patio central rectangular, con baldosas en damero similares a las antiguas veredas porteñas, que funcionan como el verdadero corazón del complejo.
Las 57 viviendas se distribuyen en planta baja y tres niveles, coronados por una terraza común. Todas las aberturas vuelcan hacia el interior, una decisión que refuerza la vida comunitaria. Los balcones que se abren sobre los corredores y los pequeños puentes que conectan ambos cuerpos del edificio construyen una continuidad visual permanente. En los niveles superiores, esas pasarelas se ensanchan y se transforman en miradores, reforzando la idea de que el conjunto se recorre, se observa y se vive hacia adentro.
Desde el punto de vista arquitectónico, el pasaje es deliberadamente ecléctico. Conviven bancos de mampostería revestidos en mayólicas, pilares decorados, barandas de hierro y detalles que remiten a un patio andaluz o a una estética de reminiscencia sevillana.
Además, la vegetación cumple un rol central: canteros, macetas colgantes y plantas que caen desde los balcones suavizan el conjunto y refuerzan la idea de oasis urbano. “El diseño y la vegetación le dan más aspecto de patio interno que de antigua vía de paso”, señala Pinus.
A pesar de los cambios en la forma de habitar, el Pasaje General Paz mantiene una impronta que recuerda al Buenos Aires de principios del siglo XX. Esa cualidad, muy distinta a la de las torres de departamentos actuales, explica parte de su atractivo. No es casual que haya sido escenario de filmaciones y producciones publicitarias, ni que entre sus residentes, a lo largo del tiempo, se encuentren artistas, músicos y figuras del mundo cultural como Andrés Calamaro y Julieta Cardinali, además de pintores y escultores que instalaron allí sus talleres.
La vida y los precios en el Pasaje General Paz
Hoy, vivir en el pasaje implica también un diferencial inmobiliario. “Por su valor patrimonial y simbólico, el pasaje implica un plus sobre el precio de un departamento usado tradicional. Influyen la ubicación dentro del conjunto, la luminosidad, el estado de la unidad y una demanda sostenida frente a la baja rotación”, explica Martín Pinus.
Como referencia concreta del mercado, Pinus menciona una de las unidades actualmente disponibles dentro del conjunto, que funciona como caso testigo: “Es un departamento único, porque es la unidad de mayor tamaño del pasaje, con 166 metros cuadrados. Su valor ronda los US$550.000, lo que lleva el metro cuadrado a aproximadamente US$3.300”, detalla.
Según describe Pinus, el carácter de la vivienda se percibe desde el ingreso, con una planta funcional que separa claramente el área social de la privada: living, comedor y toilette de recepción conforman un ala, mientras que la master suite y los dormitorios se organizan alrededor de un estar íntimo. Por su parte, el área de servicio completa una distribución que privilegia la amplitud y la luz natural.
El resto de las unidades, en general de entre 50 y 80 m², se ofrecen a valores más bajos, aunque siempre por encima del promedio del barrio, que ronda los US$ 3.053 por metro cuadrado. En su mayoría, se trata de departamentos reciclados para adaptarse a las necesidades contemporáneas.
En ese contexto, el Pasaje General Paz aparece como un enclave singular, donde el precio refleja una combinación de ubicación, arquitectura, historia y pertenencia. “Es un testigo de la evolución del barrio durante un siglo, y ese valor patrimonial y simbólico se traduce en el mercado”, resume Pinus.
El perfil de quienes eligen vivir allí suele responder más a usuarios finales que a inversores tradicionales. “Son personas o familias que valoran sentirse parte de la historia de la ciudad y que buscan un equilibrio difícil de encontrar entre intimidad, comunidad y conectividad”, explica el broker. De allí su atractivo para artistas, diseñadores, músicos y profesionales creativos, que combinan vivienda con consultorios, estudios, showrooms u oficinas.
El pasaje cuenta además con protección histórica estructural otorgada por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, lo que garantiza su preservación. Esa condición implica aceptar ciertas regulaciones a la hora de intervenir las unidades, pero también asegura la conservación de su identidad. “No se trata de desventajas, sino de reglas del juego claras para quienes eligen vivir en un edificio con valor patrimonial”, aclara Pinus.
A un siglo de su inauguración, el Pasaje General Paz sigue funcionando como fue pensado: un espacio donde la arquitectura fomenta el encuentro, el reconocimiento entre vecinos y una forma de habitar la ciudad que combina silencio, memoria y vida comunitaria. Un rincón casi secreto de Colegiales que, aunque ya no figure en los mapas, sigue ocupando un lugar central en la historia urbana porteña.



