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6 de cada 10 jóvenes se independizan: ¿cuántos logran ser propietarios de su primera vivienda?

La falta de ahorro, el nivel de los salarios y las dificultades para acceder al crédito convierten al alquiler en la principal puerta de entrada a la vivienda.Quienes logran emanciparse tienen ingresos que duplican los de aquellos que todavía viven con sus padres.

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6 de cada 10 jóvenes se independizan: ¿cuántos logran ser propietarios de su primera vivienda?

La primera vivienda: 6 de cada 10 jóvenes ya se independizaron, pero ¿cuántos logran ser propietarios?

Para muchos jóvenes, alquilar un departamento es el primer paso para dejar la casa familiar y vivir de manera independiente. Seis de cada diez jóvenes menores de 29 años ya dejaron la casa familiar. Pero independizarse no significa necesariamente convertirse en propietario: entre quienes lo lograron, el alquiler es la principal forma de acceso a una vivienda. Alrededor del 62% de los jóvenes menores de 29 años ya está emancipado, según datos citados por Matías Araujo, investigador de la Fundación Tejido Urbano. Y entre quienes dejaron la casa familiar, el alquiler es la principal forma de acceso a una vivienda: seis de cada diez son inquilinos y cuatro de cada diez, propietarios. También cambió la manera de independizarse. “Hoy los jóvenes se emancipan más tarde y, cuando lo hacen, cada vez es más frecuente que vivan solos. Hace veinte años, alrededor del 30% de quienes dejaban el hogar familiar se iban a vivir solos; hoy esa proporción alcanza el 46%”, explica Araujo. Otros relevamientos muestran una proporción importante de jóvenes que todavía permanece en la vivienda familiar, aunque los resultados varían según el rango etario y la metodología de cada estudio. Federico González Rouco, director ejecutivo del Observatorio Federal de Acceso a la Vivienda, señala que el 38% de los jóvenes de hasta 35 años vive con padres o abuelos. “Es un número relativamente estable en la última década, aunque sí es 10 puntos más alto que hace 25 años y mayor que en otros países del mundo”, sostiene. El alquiler, la puerta de entrada a la primera vivienda El Observatorio Federal de Acceso a la Vivienda señala que el 38% de los jóvenes de hasta 35 años vive con padres o abuelos. Para quienes dejan la casa familiar, alquilar suele ser el primer paso. La compra de una propiedad requiere ahorro previo y, en la mayoría de los casos, acceso al crédito hipotecario, dos condiciones que no todos los jóvenes pueden cumplir. El alquiler también presenta barreras. Al precio mensual se suman el depósito, las garantías, las expensas, los servicios y otros gastos necesarios para ingresar y sostener una vivienda. “Si no tuviéramos que dejar la mitad de nuestros ingresos, si no tuviéramos que estar de mudanza cada dos años, si hubiese organismos de control que se encarguen de fiscalizar el negocio de la vivienda como lo hacen con cualquier negocio, alquilar sería nada más que otra forma de tenencia de la vivienda”, plantea Gervasio Muñoz, de Inquilinos Agrupados. Araujo señala que, pese a los cambios en las formas de vida, la propiedad continúa siendo una aspiración para buena parte de la población: cuando existe la posibilidad económica de comprar, sostiene, muchas personas siguen prefiriendo ser propietarias. A esto se suma el crecimiento de hogares más pequeños y monoparentales, que también aumenta la cantidad de viviendas necesarias.

¿Cuánto ganan los jóvenes que logran independizarse?

“Entre los jóvenes emancipados, el ingreso promedio ronda los $1.600.000, mientras que entre quienes continúan viviendo con sus familias apenas alcanza los $780.000”, detalla Araujo. Los ingresos y la calidad del empleo aparecen como dos de las principales diferencias entre quienes pudieron dejar el hogar familiar y quienes todavía viven con sus padres. El alquiler es la principal puerta de entrada a la vivienda para los jóvenes que logran independizarse. La brecha también aparece en la situación laboral. Según los datos aportados por Tejido Urbano, la desocupación es del 4% entre los jóvenes emancipados y llega al 11% entre quienes todavía no lo están. “La formalidad laboral aparece como un factor determinante para poder sostener un proyecto habitacional independiente”, agrega Araujo. El costo de la vivienda ayuda a poner esos ingresos en perspectiva. En CABA, el alquiler de un monoambiente de 40 metros cuadrados promedia los $755.935 mensuales, según datos de Zonaprop. Es decir, representa cerca de la mitad del ingreso promedio de $1,6 millones de un joven emancipado, antes de sumar expensas, servicios y otros gastos. La distancia es todavía mayor cuando se trata de comprar. Un monoambiente de 40 metros cuadrados tiene un precio promedio de US$ 108.000 en la Ciudad. Así, para quienes no cuentan con ahorro previo, ayuda familiar o acceso al crédito hipotecario, el alquiler aparece como la principal vía para acceder a una primera vivienda. Para quienes perciben ingresos más bajos o tienen empleos informales, reunir el dinero necesario para ingresar a un alquiler y demostrar solvencia puede convertirse en una barrera para dejar la casa familiar.

Del alquiler a la casa propia

La brecha entre alquilar y convertirse en propietario ayuda a explicar por qué la primera vivienda no necesariamente es la casa propia. Con un monoambiente promedio en torno a los US$ 108.000 en CABA, la compra exige un capital inicial difícil de reunir para alguien que recién comienza su recorrido laboral, salvo que cuente con ahorros, ayuda familiar o financiamiento. “Es normal que los jóvenes opten por el alquiler porque no tuvieron tiempo de ahorro”, explica Rouco. Sin embargo, advierte que el problema habitacional no se reduce a ser propietario o inquilino: también existen hogares propietarios con déficit en las condiciones de la vivienda. La posibilidad de acceder a un crédito hipotecario aparece entonces como uno de los factores que pueden definir el paso hacia la propiedad. Para Araujo, la respuesta requiere trabajar sobre distintas dimensiones: “No alcanza con construir más viviendas; hay que construir ciudad. Eso implica generar infraestructura, transporte, servicios y empleo en nuevos sectores urbanos para ampliar la oferta habitacional sin deteriorar la calidad de vida”. Rouco, por su parte, plantea la necesidad de “generar un mercado de alquileres más previsible” y menciona entre las medidas posibles mejorar la oferta, las condiciones de las garantías y reducir los costos asociados a las operaciones. Desde Inquilinos Agrupados proponen otro enfoque. Muñoz señala políticas aplicadas en otros países, entre ellas regulaciones sobre precios y plazos de los contratos, restricciones sobre viviendas vacías o destinadas al alquiler turístico y la creación de parques públicos de viviendas en alquiler. Las propuestas difieren, pero los datos muestran un condicionante común: para los jóvenes, el acceso a la primera vivienda está estrechamente relacionado con los ingresos y la estabilidad laboral. Dejar la casa familiar no implica necesariamente convertirse en propietario. Para buena parte de quienes logran independizarse, la primera vivienda es, antes que la casa propia, una vivienda alquilada.
Fuente: Natalia Sago – Ver nota original

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